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Maestro Running

Maestro Running

Correr es mucho más que adelantar un pie sobre el otro. Es, casi siempre, una enseñanza constante de cómo avanzar por la vida, esa que se parece mucho a una carrera en el asfalto. Aquí cinco lecciones que me ha dejado este deporte. 

1. El camino te pone en tu lugar

En el running no hay "minuto de Dios", ni se gana el partido en un contragolpe. Las carreras nos revelan qué tan preparados estamos, nos ubican a la posición que corresponde al compromiso que asumimos en el entrenamiento. Si bien la suerte nos puede ayudar o jugar en contra en algunos factores, he aprendido que corriendo soy responsable de mi desempeño y resultados y que la competencia empieza mucho antes del kilómetro cero.

Se parece mucho a cuando ganamos o perdemos un proceso de selección, cuando se nos otorga o se nos niega un beso, o cuando tenemos o no la casa que deseamos. El running dicta con rudeza que no basta con soñar el paso triunfal por la meta, cada kilómetro tiene un precio de esfuerzo, disciplina y constancia.


2. El desnivel, positivo.

Seguro si tenemos que escoger, preferiríamos llegar a los objetivos en cuesta baja o, cuando menos, en terreno llano. Pero sabemos que para la mayoría de los mortales no siempre es así. Nuestros sueños están detrás de un camino lleno de horas de estudio, trasnochos, serenatas de amor, despedidas y momentos en que la cabeza se clava en el suelo.

Correr me ha enseñado a entender la importancia del desnivel positivo, de los dolorosos ascensos, de las mal queridas lomas. Huirle a la subida, es aplazar lo inaplazable, no estar listo para las pruebas del camino. Por eso, cuando viene la pendiente, mejor decir sí. En el futuro ese dolor momentáneo nos habrá enseñado a sortear situaciones en que el corazón se pone a prueba y disfrutaremos mucho más cuando el viento sople a nuestro favor, cuando vayamos por lo planito.

3. Lo importante es el camino

La obsesión por el reloj, los tiempos que marca y lo que nos falta para cruzar el arco de la meta, nos puede llevar a nublarnos la vista a tal punto de perdernos el buen sabor que tiene el recorrido.

Cada salida a entrenar, carrera, madrugón o pedazo de pavimento tienen su encanto. Pensar solamente en llegar nos quita el placer de apreciar un buen cielo, un nuevo amor platónico o el saludo a un conocido que nos cruzamos. Cada kilómetro tiene su propio rostro, un aprendizaje que ofrecer o un premio que otorgar. Hay magia en los días en que no queríamos levantarnos de la cama y lo logramos, en esas mañanas en que usamos la camiseta vieja y no pintó foto o en el día en que estábamos fuertes y rompimos algún récord del que fuimos testigos Dios, Strava (que es como otro Dios que todo lo ve) y nosotros.

Bien lo dice el gran Drexler: "Amar la trama más que el desenlace".

4. Juntos, más lejos

Sí, es un deporte individual. Vas solo con tu alma en competencia o en las prácticas. Pero nada mejor que un buen abrazo tras la meta, un grito de aliento en el camino u otra alma al pie compartiendo contigo el sufrimiento.

Los amigos, los parceros de la carretera hacen de esta afición una experiencia colectiva donde cada uno lleva su carga pero al mismo tiempo podemos dar un empujón anímico, ponerle paso al que se va quedando o disfrutar del recorrido entre zancadas, chismorreo y conversaciones en zona 2.

Si bien la vida es una carrera en solitario, se lleva mejor con quienes nos acompañan en el trayecto.

5. El valor del presente

Está bien pensar en la que se nos viene: recordar que ya llega el descenso o sufrir de antemano por la loma que se ve venir. Pero también se vale, y quizás es más lindo, pensar en la zancada en que estamos, hacerle caso al "aquí y al ahora". Muchas veces, en ese diálogo interno que tenemos mientras corremos, se nos ocurre la idea de negocio, el poema para la novia o la solución a la fórmula matemática que aún no lográbamos resolver.

El running me ha enseñado a estar ahí, en ese momento en que volamos por micro segundos, en que hacemos uso del oxígeno a un domingo mañanero para vivir con intensidad y en el que, así estemos sufriendo por lo duro que puede ser correr, estamos siendo felices. El presente, el paso en el que vamos, la calle que estamos recorriendo, es nuestro pequeño mundo de ese instante. Aprender a apreciar la grandeza de los pequeños momentos nos lleva más lejos que la carrera misma.

                                                                          Cristian Marín - Corriente Alterna.

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