Everesting 2021 y una lección de amor.

A eso de la cuarta y quinta subida, de seis que hacía en mi caso, comenzaron a aparecer luces blancas en cada parpadeo y con ellas pensamientos y emociones que transitaron por lugares que solo habita la cabeza cuando las piernas están alertando al cuerpo entero que ya estuvo bien, que hasta ahí, que para qué más, que seis veces el Alto de las Palmas es mucho.

Y fue entonces, bajo un cielo que no se decidía a abrirle la puerta al sol o a la lluvia, pensé que tal vez así es un amor eterno. De los que duran mucho. Porque en un punto, no supe cuál, ya me había aprendido cada curva, cada arruga, sus montículos, esos momentos en que con ella era feliz y en los que nos costaba más estar juntos. Así será, pensé, cuando se ama a la misma persona mucho tiempo o cuando se sube la misma loma muchas veces.

En ese intento de mi cabeza de escapar de mi realidad me ayudó saber que, como en el amor de largo aliento, tenía que abrazar cada minuto de felicidad como si fuera el último. Anhelar los momentos en que llegaba al alto y disfrutar como un niño el desnivel negativo. Pero así mismo, me ayudó a encontrar la valentía que requiere dejar el alma en un pedalazo, la belleza que tiene dibujar líneas torcidas sobre una carretera y la felicidad tangible que tienen los gritos, pitos, arengas y abrazos de familiares amigos que acompañaron el trayecto.

Everesting, ese evento de ciclistas “Brutos, pero decididos”, fue una lección para el corazón. A través de mis piernas y a través de las luchas de los demás locos que tuve al lado en algún momento del camino.  Por ejemplo, la de Juanka “el gordo” que terminó 11 ascensos en la madrugada siempre dejando buena energía en cada saludo. O la de Lina, que cumplió su meta, siempre sonriendo, pasada la media noche. O incluso de Claudia, que supo decir “basta” a tiempo para cuidar su cuerpo cuando ajustó 11 cimas de 13 que se había planteado hacer. Y la de Juan David, ciclista curtido que demostró que hay días en que el héroe tiene días en que se vuelve humano y que, sin los poderes de siempre, también puede salvar el día.

Este es un evento que me aleccionó sobre el significado de darlo todo en cada recorrido que haga sobre el cuerpo de ese amor y aprender a querer cada momento a su lado. Porque, así como debería pasar entre dos que se quieren hace tiempo o un ciclista y una loma que se han visto muchas veces, hay que encontrar los momentos de felicidad, por pequeños que sean, que hay en cada día o en cada subida. 

Que venga el Everesting 2022 a dar su lección. Quién quita que esta vez les cuente qué pasa por la cabeza de un ciclista que lleve más de seis recorridos seguidos por el Alto de Las Palmas.

 

Cristian Marín - Corriente Alterna


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